Se está gestando una guerra entre Venezuela, Ecuador y Colombia, cuyo pretexto es la muerte del segundo hombre de las FARC, Raúl Reyes, abatido en una zona selvática del territorio ecuatoriano.
La iniciativa de movilizar efectivos a las fronteras de los mencionados vecinos la tomó Colombia, desplegando tropas, artillería, blindados y aviones Mirage hacia la franja venezolana. Hoy Chávez ordenó el despliegue de 10 batallones, incluyendo tanques y defensa aérea, hacia su frontera con Colombia, declarando un estado de alerta nacional. Las tensiones están creadas. Sólo falta encender el último fósforo.
Y mientras eso ocurre la gente simple de esos países, ajena a todo ese entramado de intereses de potencias extranjeras y de sus cúpulas de poder local, posiblemente se vean en breve involucradas en una guerra de laboratorio que acentuará el hambre y la pobreza estructural que ya padecen.
Estamos a tiempo de parar ese ánimo belicista. El freno a una guerra es la opinión pública latinoamericana e internacional. No debe perderse un minuto y comenzar una movilización de la sociedad civil de los países involucrados, una marcha gigantesca que impida los oscuros designios de los alquimistas del rencor en nuestra América dolida.
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