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17/10/07

Cuba en el epicentro del volcán ideológico

Me acaba de llegar este resumen de Félix Sautié sobre la agenda de discusión política en Cuba. Fresca e ilustrativa de lo que está ocurriendo en estos momentos.

El discurso y la agenda del cambio en Cuba (I)
A partir del llamamiento de Raúl Castro a la rectificación de errores, así como el abandono de esquemas ya obsoletos y el perfeccionamiento del modelo socialista instaurado por la Revolución, pronunciado el pasado 26 de julio en Camagüey, se han producido otras dos intervenciones sucesivas y públicas de altos funcionarios, exponentes también de la generación histórica que comenzó el proceso insurreccional revolucionario que triunfó en 1959; las que conjuntamente con la de Raúl el 26 de julio pasado, continúan expresando la diferencia respecto al discurso que hasta el presente ha sido habitual en la dirigencia cubana. Machado Ventura, ejecutivo del Buró Político para el trabajo del Partido, el 5 de septiembre en la ciudad de Cienfuegos y el Comandante de la Revolución Ramiro Valdés Menéndez, en la actualidad Ministro de Comunicaciones, durante el acto de tributo y recordación a Ernesto Che Guevara en la ciudad de Santa Clara, el pasado 8 de octubre. Estas dos últimas y significativas intervenciones de dirigentes muy característicos en sí mismos de lo que constituye el Poder Revolucionario establecido, aportan importantes pistas sobre un determinado consenso en torno a la necesidad de promover cambios de concepciones, métodos y estructuras tanto en la esfera económica como en la gestión de los órganos del Poder Popular y en el propio funcionamiento del Partido único. El escenario en las tres ocasiones, siguiendo una costumbre establecida por el propio Fidel Castro, ha sido la conmemoración de algún acontecimiento destacado en la historia nacional de los últimos decenios: el Asalto al Cuartel Moncada en julio de 1953, con el que se dio inicio a la lucha insurreccional uno de cuyos episodios más heroicos fue la sublevación de marinos y civiles en la ciudad de Cienfuegos en 1957 y la conmemoración del 40 aniversario de la caída del Che en Bolivia en 1967. El lector no avisado del proceso que tiene lugar a lo interno de la sociedad cubana de hoy –y del cual, salvo los discursos, no hay ni rastro en la prensa oficial- podría pasar por alto la trascendencia de los enunciados mediante los cuales Raúl, - actualmente al frente del Gobierno Cubano por la enfermedad de Fidel- convocó a los debates. Machado insufló el estímulo de algunas precisiones y Ramiro Valdés ya describe como un “hervidero de ideas”, al tiempo que aporta elementos sobre el alcance de los propósitos renovadores anticipados por Raúl Castro.
Estos textos fueron redactados para ser leídos en esas tribunas con una extensión inferior a una hora, deudores de un mismo estilo directo, sintético, carentes de ociosos giros literarios, son en su conjunto reiterativos de las posiciones cubanas en materia de memoria histórica, voluntad de resistencia y combate contra la guerra económica más prolongada a la que los Estados Unidos ha sometido a un país, que se acentúa además por el derrumbe del modelo soviético de socialismo en Europa y la desaparición de la propia URSS; retoman, en consecuencia, la defensa a ultranza de los avances científicos y las conquistas sociales emblemáticas de la Revolución, y, por supuesto, reafirman la militancia socialista, la necesidad de robustecer la capacidad defensiva del país en el plano militar, el internacionalismo tal y como lo aplican y lo entienden los dirigentes cubanos y el liderazgo histórico del proceso.. Al propio tiempo, los discursos, aportan una dimensión autocrítica desusadamente abarcadora del proyecto cubano de equidad y justicia social que tiende a completar el cuadro de la realidad nacional y esbozan una agenda de cambios en el lenguaje elíptico y en ciertos momentos hasta críptico, pero a todas luces dictados por una comprensión de la necesidad de superar el inmovilismo y abrirse a alternativas de renovación y perfeccionamiento. Con este espíritu Ramiro Valdés vuelve sobre las prioridades en Cienfuegos reiteradas por Machado y amplía el diapasón y las tensiones del tema agroalimentario, permitiendo intuir la virtualidad de una nueva legislación agraria.
Raúl Castro resumía en julio: “Nunca creernos que lo que hacemos es perfecto y no volverlo a revisar (…) cuestionarnos cuanta cosa hacemos en busca de realizarla cada vez mejor, de transformar concepciones y métodos que fueron los apropiados en su momento, pero que han sido superados por la propia vida”. Con estas coordenadas el discurso político cubano – que ha conocido otras coyunturas de agudas críticas, entre ellas lo que se denominó “errores y tendencia negativas” en la singular praxis que en ocasiones ha puesto en práctica Fidel de guardar distancia y proyectarse como opositor de su propio gobierno- se constituye en el primer testimonio de una voluntad política cuya clave se resume en una palabra: cambio.
La primera evidencia de esa voluntad es la virtual consulta que mediante una discusión abierta ha tenido lugar con todos los sectores de la sociedad cubana, desde los cuadros y militantes hasta los jubilados y las amas de casa, con un protagonismo fundamental en los colectivos laborales, arrostrando el riesgo y favoreciendo incluso a una catarsis que más bien puede despejar el camino, en la búsqueda de una percepción colectiva de la situación y de puntualizar una agenda que sin ambages se proclama, en el discurso de Ramiro Valdés, para : “…hacer cuanto resulte sensato y posible, eliminar lo que sea absurdo, consolidar cada logro , asegurar cada día la plena soberanía del país, el socialismo como fundamento de la independencia, y el desarrollo material y moral que sirva de base al bienestar, la justicia y la dignidad que es acreedor nuestro pueblo (…)”, objetivos que Ramiro Valdés subraya inconcebibles con las reglas de juego del neoliberalismo y del sometimiento a la hegemonía de Estado Unidos, así como descarta las que denominó como teorías peregrinas para la solución de complejos problemas económicos y advierte contra la ilusión de resolver el conflicto histórico con ese país mediante concesiones unilaterales.
Es de suponer que en este balance preliminar de los debates que se realizan, se hayan sopesado de igual manera los intentos de mediatizar y empobrecer la discusión por parte de los estamentos burocráticos en algunas entidades, empresas y organismos partidistas, reduciéndola a los micro problemas concretos de un taller, de una oficina, de un barrio o zona de residencia, desaprovechando la excepcional oportunidad para, al menos, intentar establecer el nexo orgánico de los problemas puntuales locales con la situación general, las políticas ya extemporáneas y los no pocos “absurdos” para utilizar un vocablo que de modo hasta ahora ambiguo se utiliza en estos discursos. Por otra parte, si para que en un centro de producción y servicios, en una institución o dependencia administrativa, se debatan sin cortapisas sus problemas se requiriere de un proceso como el que se ha desatado, entonces ponerle fin a esa especie de “autorización desde arriba” debería figurar también en la agenda de renovación como uno de los más aberrantes esquemas a desterrar, para que en las nuevas condiciones cotidianamente se desenvuelvan los debates como algo natural e inherente del sistema socio político.
Ya Raúl tempranamente criticaba el comportamiento de quienes usan las dificultades como escudo, y es de comprender que a estos no les interese profundizar en las causas y sinrazones de la situación económica del país porque ello sacaría a flote su incompetencia y falta de sensibilidad. No parece en modo alguno ocioso por eso el llamado de Ramiro Valdés ahora, inspirado en una conocida definición de Che “a (…) devolver a la condición de cuadro la jerarquía moral, la autoridad política y administrativa, la capacidad de decisión técnica y las condiciones humanas que lo conviertan en la espina dorsal de la Revolución”. Sin embargo, coincidiendo con lo atinado y actual de esta observación, cabe recordar que para lograr una ruptura de la inercia y hacer que prevalezca un enfoque creador, ajeno a cualquier sacralización , a los desatinos, los sectarismos, las mediocridades y deshumanización que caracterizan los estilos burocráticos de dirección, para la liberación de las fuerzas productivas allí donde estén frenadas mediante soluciones, como subrayó Ramiro Valdés , socialistas o compatibles con el socialismo, basadas en el trabajo y en la capacidad de la economía nacional para generar recursos, dentro de las limitaciones , costos y márgenes de gestión impuestos por el Bloqueo, es imprescindible abrirle el más ancho y permanente cauce al protagonismo cotidiano, no eventual ni circunstancial, de los colectivos laborales, de la población en su conjunto. Entre los dogmas que lastraron la práctica política y burocratizaron la dirección económica en la experiencia soviética, estaba la sentencia estalinista de que “los cuadros lo resuelven todo”, filosofía en su esencia opuesta al proceso de democratización de la toma y control de las decisiones, así como a la participación más amplia posible en los momentos claves de la planificación y evaluación de la gestión económica, fundamentado en normas y principios así como verificado a través de un sistema de instituciones que en lo fundamental ya existen en Cuba. Experiencia que bien pudiérase aportar a los presupuestos teóricos del Socialismo del Siglo XXI, como una de las alternativas auténticamente socialistas a las leyes ciegas del mercado neoliberal y a la dictadura de las corporaciones en el capitalismo.
Ajena a cualquier democratismo preciosista, la evidencia de múltiples cuestionamientos a política vigentes –entre ellas algunas a mi juicio justas y otras sencillamente inevitables-revela la necesidad de sistematizar procedimientos de consulta que propicien un consenso nacional que no puede hacerse a través de monólogos desde tribunas o espacios televisivos, con frecuencia poco convincentes. Al propio tiempo, la democratización concierne a las gestiones económicas sociales a escala de los territorios, comunidades, colectivos laborales como solo en una verdadera sociedad socialista podría pretenderse y lograrse. Hoy en día las reuniones de los comités municipales del Partido y de las Asambleas del Poder Popular a ese nivel suelen pasar, como se dice “sin pena ni gloria”, aún cuando en ellas se aborden e intenten solucionarse los problemas vitales de la población porque en muchas ocasiones transcurren al margen de la opinión pública.
La comprensión de las realidades y la búsqueda colectiva de soluciones para vencer las dificultades y avanzar hacia un nivel de bienestar que excluya desigualdades ilegítimas, son aspiraciones que rigen este ejercicio democrático del que incluso comienzan a hacerse eco algunos otros corresponsales extranjeros acreditados en La Habana; la seriedad, madurez, patriotismo y conciencia del socialismo como fundamento del destino histórico del pueblo cubano, que han justificado con creces el acierto y la oportunidad del llamado de Raúl Castro, prueba con creces la justicia, la urgencia y la sabiduría de incluir la ulterior profundización del proceso de democratización socialista en el discurso y en la agenda del cambio.
Próximamente se publicará la Segunda Parte de este tema.

31/7/07

Espectativas del pueblo cubano


Aquí una reseña de la repercusión interna del discurso de Raúl Castro, según Mauricio Vicent, del diario madrileño Elpaís.com. Fresquecita.
Este 31 de julio, al cumplirse un año justo de la proclama en la que Fidel Castro delegó por primera vez todos sus poderes, no pocos cubanos y analistas extranjeros esperaban un mensaje político del líder comunista, algo que arrojara un poco de luz sobre su enfermedad y si la cesión "provisional" de sus cargos se convertirá formalmente en definitiva. No fue así.
El diario Granma publicó ayer una nueva reflexión del comandante, pero su objetivo fue valorar los recién concluidos Juegos Panamericanos de Río de Janeiro, en los que Cuba quedó en segundo lugar, tras Estados Unidos. Con su habitual estilo y su afición a los porcentajes, Castro comparó el promedio de medallas de oro por habitante obtenido por ambos países y llegó a la conclusión de que su país fue el vencedor. Mientras, en la calle, las repercusiones del discurso autocrítico pronunciado el 26 de julio por Raúl Castro seguían marcando el centro político.
En Cuba no hay encuestas Gallup, pero funciona con eficiencia la famosa Opinión del Pueblo, un discreto sistema para pulsar el sentir de la calle. Todos los días, las miles de personas que forman parte de este singular termómetro de la revolución recogen las opiniones y criterios vertidos espontáneamente por sus compatriotas en la calle. No hay preguntas de por medio ni identificación, por lo que es bastante fiable y sistemáticamente esta información sirve de base para guiar al Gobierno.
En apariencia, el discurso de Raúl el 26 de julio mayoritariamente gustó a los cubanos. En decenas de entrevistas, las reacciones recogidas por este diario en los últimos días -que coinciden con las obtenidas por otros observadores extranjeros y seguramente por los activistas de la Opinión del Pueblo- arrojan que:
-Para la mayoría, el discurso fue importante. El jefe del Ejército tocó los problemas principales que angustian a la gente, admitió que las dificultades eran "estructurales" y anunció cambios "de concepto" para reactivar la agricultura y otros sectores productivos. "Por primera vez se ha tocado todo completico, sin vaselina, admitiendo que el problema es general", era el resumen de Roberto Díaz, un jubilado de 72 años.
-Después de un año de aparente inmovilismo, ahora hay esperanzas de que algo empiece a cambiar, aunque sea lentamente. Hay consciencia de que las transformaciones que hará Raúl serán "graduales". No son pocos los que creen que mientras Fidel "esté ahí", aunque "no mande", Raúl no podrá hacer muchos cambios que quisiera en la línea de abrir la economía, y que sus reformas han de ser casi "invisibles". "Es como en una casa: el padre enfermó y el hijo toma las riendas, pero no puede hacer arreglos arquitectónicos de envergadura por respeto", admite un funcionario.
-La ausencia de Fidel el 26 de julio indica que no puede reasumir sus cargos. Hay consenso en que Raúl es el presidente y que su estilo es diferente del de su hermano.
-Después de años de sacrificios, hay mucha gente descreída que sólo vio en el discurso de Raúl "un poco más de realismo", pero "nada nuevo". Según los escépticos, sigue habiendo gran desconexión entre las urgencias y demandas de la sociedad y el discurso político, que va muy por detrás de los cambios que se necesitan. Es el criterio que sostienen los opositores más duros, como Marta Beatriz Roque o Vladimiro Roca. Otros, como el economista Óscar Espinosa Chepe, sostienen que Raúl "cruzó el Rubicón", y que ahora hay que comprobar el verdadero alcance de los cambios.
Si la Opinión del Pueblo es indicativa del pulso político cubano, también lo es Granma. Ayer, su primera página estaba dedicada enteramente a un acto político en el que Raúl Castro participó en la ciudad de Santiago. En la página 7, sección de deportes, entre cifras y promedios Fidel recordaba en su reflexión la educación, la salud y el deporte gratuitos como logros más significativos de la revolución, y como principal "éxito" la "capacidad de resistir casi medio siglo de bloqueo y privaciones". En la calle, la gente seguía su complicada vida diaria. Pero quizás, después del 26 de julio, con algo más de esperanza. Tampoco excesiva.