Mostrando entradas con la etiqueta actualidad política cubana. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta actualidad política cubana. Mostrar todas las entradas

30/9/10

LIBORIO ENTRE EL ALICATE

Por: Enrique Soldevilla

En la columna titulada “Las razones de Cuba”, del sitio web oficialista Cubadebate, aparecen revelaciones del salvadoreño Francisco Chávez Abarca, acusado de terrorista y vinculado a Luis Posada Carriles. A un golpe de clic, aquí, pueden ver el extenso artículo y los dos programas de tv.

Pero lo que deseo hacer notar es que la naturaleza terrorista de estos actos lo único que consigue es alimentar el inmovilismo del régimen y retardar cualquier reforma, aun dentro del "modelo" socialista, que el pueblo cubano desea, pues se perpetúa la dependencia de los cambios internos a la relación bilateral con los Estados Unidos, donde residen los principales imputados. Y en esa dinámica Liborio es quien permanece aprisionado por las dos patas del alicate: la de los ortodoxos del gobierno y del partido comunista cubano, y la de los fundamentalistas anti Castro. Para mí, ahí reside la raquídea política que nos tiene paralizados a los dos pueblos vecinos: el cubano y el norteamericano.

5/4/08

Cuba desde la mirada de Jano

Por: Enrique Soldevilla

En la mitología romana Jano era el dios de los cambios y las transiciones, a la vez que el protector del pasado y el garante del porvenir. La analogía con esa función de Jano puede establecerse para interpretar los desafíos que enfrenta el liderazgo histórico de la revolución cubana en el nuevo contexto de cambios que ahora transcurren en la mayor de las Antillas.

No es la primera vez que el gobierno emprende cambios, pero éstos han sido motivados por causas diferentes. Por ejemplo, las reformas jurídico-económicas de los ‘90 (emprendidas 15 años atrás) fueron originadas por una causa externa que determinó una estrategia logística (1) ante la desaparición del privilegiado intercambio económico con la URSS y el campo socialista. En aquel momento existía un Fidel saludable, plenamente activo, y el factor tiempo, en tanto cronos generacional no era todavía un motivo de previsión, entre otras razones porque el pasmo provocado por el derrumbe de un mundo bipolar y la urgencia de reinsertarse en el mercado internacional relegaron a un plano posterior el asunto de la finitud del liderazgo histórico de la revolución cubana.

Hoy, a diferencia de los años ‘90, las transformaciones que están teniendo lugar se deben a causas internas: cambio de la percepción generacional sobre el modelo socioeconómico heredado del propio socialismo; voluntad migratoria entre la población joven debido a la falta de perspectivas de satisfacción de las necesidades materiales inmediatas; baja tasa de natalidad; ausencia de responsabilidad ante el trabajo por el deteriorado poder adquisitivo del peso y por la dualidad monetaria y de mercado. Ya no hay asombro, sino necesidad de reorganización del sistema para hacerlo económicamente más eficiente y más participativo. Ahora el asunto de la finitud del liderazgo fundacional ha pasado a un primer plano, y sí constituye un motivo de previsión a partir del impacto psicológico del retiro de Fidel Castro por razones de salud.


En ambos momentos críticos del proceso cubano el objetivo gubernamental ha sido el mismo: preservar lo que se valora como conquistas de su proyecto para evitar un regreso a la situación política y social que lo originó en 1953, y evolucionar superando el modelo de democracia que persiste como marco de gestión política en la América Latina de nuestros días.


Desde la hospitalización de Fidel Castro los analistas de asuntos cubanos, entre otras cuestiones, se reiteran esta pregunta: ¿Pudiera esta vez el gobierno lograr el objetivo de renovar la adhesión político-afectiva que garantice la continuidad esencial del proyecto socialista a mediano plazo?


Una respuesta afirmativa dependerá de la naturaleza y del alcance de las transformaciones, hechos que están en conjunción con las reservas morales de la sociedad; dependerá también de la celeridad con que sean establecidas las nuevas disposiciones y de la secuencia de las mismas, así como del entramado de voluntades o precondiciones óptimas, en tres aspectos:


1- El reconocimiento, por parte de los actores internos y externos, de que la revolución cubana es capaz de evolucionar legítimamente hacia un socialismo simpático en la percepción de sus ciudadanos, del mismo modo que el capitalismo ha solucionado históricamente sus crisis cíclicas sin desnaturalizar la condición socioeconómica de ese sistema.

2- Evitar, por parte del Estado cubano, el retardo de la mayoría de los cambios internos justificándolo con la hostilidad política de los Estados Unidos hacia el gobierno de la isla, pues no todas las modificaciones posibles tienen que ver con la relación bilateral con Washington.

3- No repetir el diseño que en los ‘90 fue implementado en la esfera económica -diseño disfuncional por impedir la integración de los productores y prestatarios de servicios a la macroeconomía nacional-, y entender que esta nueva etapa ofrece la oportunidad de encarar las transformaciones con una visión sistémica que se convierta en base de sustentación a largo plazo. Esto implica además la necesidad de eliminar modelos anteriores que limitan la existencia de actores económicos no estatales.

Los interesados en los asuntos cubanos encontrarán otra variable ineludible para la comprensión: la simbiosis entre el gobierno norteamericano y un sector del exilio histórico, basada en el clientelismo político-electoral floridano, que obstaculiza cualquier posibilidad de diálogo y cooperación entre ambos Estados. Esta dinámica, única en las relaciones internacionales contemporáneas, se sustenta en intereses económicos vinculados a subsidios federales a diversos programas dirigidos a desestabilizar para destruir al régimen comunista de La Habana, y han sido varios los escándalos de fraude y corrupción en el manejo de esas finanzas. En consecuencia, superar esta simbiosis que favorece a unos pocos y perjudica a muchos, es un tema pendiente en la agenda de una transición política de la emigración popular cubana en los Estados Unidos, y un reto para las estrategias internas por parte del gobierno de la isla.

Cuando se analiza un proceso en pleno transcurso cualquier aseveración es tentativa. Y aunque sería prematuro responder afirmativamente a la pregunta antes planteada, la aceptación popular de los primeros cambios realizados bajo el mandato de Raúl Castro, el pensamiento social expresado en los debates que finalizaron a fines del 2007 y las opiniones manifestadas en el VII Congreso de la Unión de Artistas y Escritores de Cuba, constituyen señales de apoyo a los términos y condiciones de las reformas del proyecto sociopolítico cubano.

(1) Ver: Soldevilla, E. Transición y estrategias logísticas en la revolución cubana (El blog de Elgentleman 25-01-2007).

16/3/08

Los demócratas y Sísifo

Las objeciones históricas para la normalización de relaciones bilaterales, en rigor desvanecidas en los 90 con el surgimiento de un nuevo orden mundial, pueden resumirse, si bien se mira, en dos: Cuba como “proxy” de la URSS y la exportación de la Revolución.

Por: Alfredo Prieto
Un académico norteamericano me dijo el otro día que el principal factor que hoy impide una normalización de relaciones Cuba-Estados Unidos es el gobierno federal y los grupos de interés que intervienen en la formulación-implementación de la política hacia la Isla -según algunos, una reliquia de la Guerra Fría.

Puedo añadir varias cosas a su aserto: las objeciones históricas para la normalización de relaciones bilaterales, en rigor desvanecidas en los 90 con el surgimiento de un nuevo orden mundial, pueden resumirse, si bien se mira, en dos: Cuba como “proxy” de la URSS y la exportación de la Revolución. La URSS se disolvió en 1991 y hoy Cuba mantiene relaciones de normales a excelentes con casi todos los gobiernos latinoamericanos, con muchos de los cuales tiene programas de cooperación en diversas áreas del desarrollo social (no sólo con los de izquierda). Esto introduce un ruido en el sistema de la política exterior de los Estados Unidos, cuyo eco puede encontrarse a menudo en la prensa y los sectores liberales, y es el hecho de mantener relaciones diplomáticas normales con China y Vietnam, dos naciones socialistas regenteadas por un partido único y cuyos récords en materia de derechos humanos, percibidos desde la propia óptica norteamericana, distan mucho de clasificar como aceptables. El discurso administrativo vigente suele fundamentar la diferencia echando mano a las reformas económicas implementadas en ambos países -básicamente, la apertura a la economía de mercado-, pero oculta o minimiza el impacto de los cambios internos acaecidos en Cuba durante los 90, como resultado de los cuales aparecieron nuevos actores sociales -trabajadores por cuenta propia, por ejemplo- que ya no dependen del Estado para su reproducción simple.

Aclaro al lector que no me incluyo entre quienes allá imaginan una normalización de las relaciones bajo una posible administración demócrata, toda vez que la precondición del otro lado consiste en el desmantelamiento del régimen político y en la deposición de su liderazgo -una idea contenida en el concepto de transición-, pero de triunfar el PD en las elecciones (algo que todavía está por ver) la “nueva” política hacia Cuba se dirigiría a corregir la actual en por lo menos tres puntos:

Primero, la intermitencia de los vínculos familiares formales entre ambas orillas, sujetos a aperturas-cancelaciones de los vuelos charters, lo cual implica obvios niveles de pérdidas para los actores corporativos que intervienen en los viajes hacia Cuba y afectaciones en el empleo. También, añado, pérdidas económicas para el lado cubano al disminuir la inyección de dinero fresco de los cubano-americanos a la economía estatal y la emergente.

Segundo, el zig-zag en los niveles de consumo familiar como resultado de la “liberalización” o el recorte del envío de dinero a Cuba (el paliativo, las llamadas “mulas” u otras vías alternativas, seguramente no logran compensarlas). También se ve limitada la fundación de microempresas familiares cuyo capital inicial proviene a menudo del dinero enviado de Miami u otros estados de la Unión donde se concentra la población cubana. Debo escribir, de paso, que la “liberalización” clintoniana de las remesas era en sí misma discriminatoria, porque limitaba a 1,200 dólares anuales el monto por núcleo familiar, una restricción exclusiva para el caso de los cubanos.

Y tercero, la disrupción los intercambios académicos y culturales. La lógica del cahumbambé introduce un nivel de discontinuidad institucional en los contactos entre ambas partes, más allá de la voluntad de los actores concernidos, al obstaculizarse o impedirse la concesión de licencias y/o visados. Ello ha significado, entre otras cosas, la cancelación de programas académicos de corto término en Cuba (para estudiantes de pre-grado) con universidades de la propia Florida, lo cual suprime el choque directo de jóvenes cubano-americanos con la cultura de sus abuelos y padres y obstaculiza la expansión de un “enfoque fresco” hacia el futuro. Se trata de una nueva generación que tiene otros presupuestos ideoculturales y no comparte, necesariamente, ni las visiones ni las obsesiones de sus mayores, y cuya motivación central suele ser la reconexión con sus raíces para perfilar su identidad propia en los Estados Unidos.

Ahí no viene el sol de Harrison, sino la piedra de Sísifo.

6/1/08

Regresa Santa Claus a La Habana

Aquí les ofrezco un despacho de AP fechado hoy en La Habana, reproducido por El Universal de México:
Regala el ganadero estadounidense John Parke Wright, vestido como Santa Claus, juguetes a más de un centenar de niños cubanos, en presencia de un sobrino del convaleciente Fidel Castro.

Un ganadero estadounidense vestido de Santa Claus repartió juguetes a más de un centenar de niños cubanos, en presencia de un sobrino del convaleciente Fidel Castro, quien aseguró que su tío estaba ''bien'' de salud.
''Viva Santa Claus'', gritaron unos 150 niños cubanos de entre cinco y 15 años, cuando el ganadero estadounidense John Parke Wright entró en un convento del este de La Habana en el día de los Reyes Magos.
Parke Wright regaló juguetes y zapatos a los pequeños en presencia de Ángel Ramón Castro, sobrino del presidente cubano convaleciente de una operación intestinal de urgencia desde julio de 2006 que lo obligó a ceder temporalmente el poder a su hermano menor Raúl.
''Lo importante es que está activo y que se está recuperando'', afirmó Ángel Ramón Castro, hijo de Ramón, el hermano mayor de los Castro. Agregó que ''sigue siendo un hombre fuerte, de valores y está bien''.
''Algún día'' el mundo volverá a ver en público a su tío, aseguró.
El mandatario cubano no ha salido en público desde julio del 2006, solo se lo ha visto en fotos o en vídeos, y se han mantenido escribiendo sus ''Reflexiones'' en la prensa local.
En otro barrio de la capital cubana, Centro Habana, las llamadas ''Damas de Blanco'' esposas de 75 disidentes presos en 2003 --de los cuales 16 fueron liberados por problemas de salud--, regalaron juguetes muñecas, carros, DVD portátiles y otros juguetes a sus hijos.
''Hoy es un día de felicidad para los niños que tienen que adjuntar tanta miseria los otros 365 días del año'', expresó Laura, esposa del preso Héctor Maseda.
Pollan aseguró que las autoridades de la isla que acusan a las ''Damas de Blanco'' de ser ''mercenarias'', porque son financiadas por el gobierno estadounidense, no trataron de prohibir la reunión que se realizó en su apartamento sin embargo los mantuvieron bajo vigilancia y trataron de disuadir a los que no son de la capital de viajar para la reunión.
La reunión de Pollán fue auspiciada por la Fundación Cubano-Americana, un grupo de exilio con sede en Miami.

2/12/07

Breves

1- Electo Fidel Castro como candidato al parlamento por Santiago de Cuba. A su vez, Carlos Lage y el presidente del Parlamento, Ricardo Alarcón, fueron nominados como candidatos a diputados por el municipio Plaza de la Revolución, en La Habana.

2-Inventan pintura "paramagnética" que permite cambiar su color con tan sólo presionar un botón. Le llaman pintura camaleónica.
Entre los diversos fabricantes de autos interesados en este descubrimiento se encuentra la japonesa Nissan, que ya ha desarrollado un auto con pintura "camaleónica".Antes de que el vehículo reciba las capas de pintura, se le aplica un polímero especial que contiene las partículas de óxido de hierro "paramagnético".Luego, mediante una ligera corriente eléctrica, se ajustan los espacios entre los diminutos cristales dispersos entre las partículas de óxido de hierro "paramagnético" afectando su habilidad para reflejar la luz y cambiar de color.Este extraño proceso es ideal para objetos metálicos como automóviles, ya que es necesaria una pequeña corriente eléctrica para mantener el color deseado. Cuando se detiene el motor del vehículo, el color de la pintura pasa a ser blanco.Esta pintura "camaleónica" tiene la capacidad de reproducir cualquier color visible al ojo humano, llevándole menos de 1 segundo modificar el aspecto de todo el auto.Se estima que las primeras unidades podrían estar disponibles comercialmente a partir de 2010.

30/11/07

Cuba se mueve en dirección a reformas

Gerardo Arreola, corresponsal del diario mexicano La Jornada, entrevistó a Rafael Hernández, director de la revista Temas. Aquí la entrevista en sí:

–En el último número de Temas ustedes hablan de transición en Cuba, ya como un proceso continuo desde 1959, con distintas fases o como una sucesión de transiciones. ¿Cómo se relaciona la situación actual con ese concepto?
–En ese número de Temas (…) todo el mundo está de acuerdo en que estamos en una transición, no porque esto se haya iniciado ahora, sino porque esta es una etapa necesariamente nueva. Creo que es una fase de la transición: no creo que los fundamentos del sistema se hayan alterado esencialmente y por consiguiente no creo que estemos en una nueva transición. Estamos frente a tareas, a objetivos, a estrategias, a medios, a recursos, a necesidades y a demandas nuevas, no porque nunca antes se hayan manifestado, sino porque en este momento se requieren respuestas de una manera más apremiante que nunca.
–¿De dónde viene la urgencia?
–Hay problemas de fondo que no son las guaguas (autobuses) en La Habana, ni los tomates en el agro (mercado), ni –más importante todavía– que la gente no tenga medios para construir o reparar su vivienda. Son problemas que atañen a lo que Raúl llamaba cuestiones estructurales. Nada de eso son cuestiones estructurales. Estas atañen al modelo del socialismo cubano (concepciones sobre la propiedad social, papel del mercado en el socialismo, participación ciudadana en las decisiones y control de la política, construcción del consenso). Eso en este momento está en el centro de toda la problemática cubana y ninguna solución va a ser estructural, como demanda Raúl, si no se abordan esos temas. Lo que está en juego, en debate, es un nuevo modelo del socialismo y creo que eso es suficientemente apremiante.
–Es decir que Raúl no hablaba sólo de cuestiones “estructurales” en la agricultura o la economía…
–El discurso de Raúl tiene una profundidad en la que a lo largo de todos estos debates mucha gente ha podido reflexionar. Su ejemplo de la distribución de la leche es una parábola sobre la hipercentralización. El viejo modelo está “tarado” por los resabios del socialismo real. En El socialismo y el hombre en Cuba, el Che hablaba de las “taras” del capitalismo. Y el otro día, en una encuesta sobre el texto del Che, se preguntó a estudiantes universitarios qué pensaban de las “taras” del pasado. Y los estudiantes dijeron: la burocracia, la hipercentralización, la falta de atención a los problemas sociales, la falta de participación. Porque para la mayor parte de los cubanos que no vivieron el capitalismo, las “taras” del pasado son los rezagos del socialismo viejo que seguimos arrastrando.
–Ha habido una gran discusión antes de cada uno de los últimos congresos del partido (la “rectificación de errores” de los años 80, 1992, 1997), ¿qué diferencias o semejanzas hay con la actual?
–La principal diferencia es que el compás de espera del tiempo histórico de este momento va mucho más rápido y es más corto el crédito con el que la política cuenta para (…) producir cambios que se sientan. Por eso hablo de premura. Aparentemente estábamos en una situación más crítica en 1993 o 94. Sin embargo, entonces el consenso político era mucho más propicio para resistir. Ahora, que no estamos con los grandes apagones o con el agua al cuello, el consenso requiere tiempos mucho más rápidos. Ahora se trata de las maneras de hacer política desde el partido y el poder popular hasta las organizaciones de masas. Esas concepciones tienen que cambiar. No tiene que ver con recursos materiales, sino con los famosos “problemas subjetivos”.
–Es decir que ahora la construcción del consenso no sólo es más urgente, sino más compleja…
–Exactamente. Cuando hablamos de consenso no hablamos nunca, salvo que confundamos los términos, de unanimidad. El consenso supone un apoyo contradictorio, una no-oposición, que está mediada porque tengo un grupo de cosas que me llevan a apoyar, pero tengo cualquier cantidad de reservas y de desacuerdos. El consenso está atravesado por el desacuerdo. El desacuerdo no es una cosa extraña, sino orgánica. Es parte del consenso, que incluye los elementos áridos, negativos, de rechazo. Ese consenso en Cuba, por supuesto, es mucho más complejo que lo que era en los años 80, porque esta sociedad es mucho más heterogénea.
–¿Se puede esperar alguna resistencia entre la burocracia?
–En la burocracia uno se puede encontrar personas más propensas y menos propensas al cambio, pero dentro de la burocracia en posiciones de poder hay un sector recalcitrante, que no querría ceder un ápice de poder, descentralizar, darle más participación a la gente en las decisiones. Es algo que me parece muy lógico. Pero yo diferenciaría incluso a la burocracia, la administración en general, de la tecnocracia, que también es un grupo social distinto, que puede estar muy a favor de los cambios, sólo que habría que preguntarse de qué cambios y eso me espanta: crecer económicamente, con mecanismos de mercado, por vías de liberalización o por reformas, que puedan servir para que la economía crezca, pero que afectan a la mayoría de la gente, con los ingresos más bajos. Ese sector de la tecnocracia es tan peligroso como el otro, el de la burocracia. Esa tecnocracia tiene poder y tiene posibilidad de influir en los cambios y en el debate. Por eso creo que es tan importante que no se considere que la economía es un sector aparte. Todos los cambios, incluidos los económicos y sobre todo esos, deben estar bajo control popular. Un director de una empresa siempre va a tener más poder que un representante del pueblo y eso es gravísimo en un sistema socialista, porque es su negación.

28/11/07

Más de un millón de planteamientos en Cuba

"Se nota una muy saludable activación del espíritu cívico de los cubanos. En los debates a partir del discurso de Raúl han participado más de cinco millones de personas y se han hecho un millón 200 mil planteamientos". Elíades Acosta.
La entrevista aquí: http://www.cubarte.cult.cu/global/loader.php?cat=actualidad&cont=showitem.php&tabla=entrevista&id=5744&seccion=Cara%20a%20Cara&tipo

15/11/07

Cuba se integra a Ameripol, una policía continental

La agencia EFE informa hoy acerca de la creación de AMERIPOL. Aquí, fresca:

BOGOTÁ.- Delegados de 18 países formalizaron en Bogotá la creación de Ameripol, una policía continental que tendrá como prioridad la lucha antidrogas dentro de un conjunto de acciones contra el crimen trasnacional, informaron hoy fuentes colombianas.
Tras dos días de deliberaciones, los representantes policiales de Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Costa Rica, Cuba, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Haití, Honduras, Jamaica, México, Paraguay, Uruguay, Perú y República Dominicana concluyeron en Bogotá el Tercer Encuentro de Directores de Policías de Latinoamérica y el Caribe.
En la cita fue creada la Comunidad de Policías de América, Ameripol, cuya presidencia, para el primer período de dos años, será ocupada por el general y director de Carabineros de Chile, José Alejandro Bernales Ramírez.
La secretaría Ejecutiva del organismo estará a cargo del director de la Policía de Colombia, general ”scar Adolfo Naranjo, hasta el año 2010.
A partir de 2010, la Secretaría Ejecutiva será elegida para períodos de tres años.
La creación, organización y funcionamiento de la Comunidad de Policías de América, Ameripol, "se constituirá en instrumento categórico, efectivo, práctico y permanente de cooperación en materia de asistencia técnico científica, inteligencia e investigación", señalaron fuentes próximas a la reunión.
Con ello, "se busca el fortalecimiento de la capacitación, doctrina y filosofías policiales, la prevención y neutralización del delito trasnacional organizado", añadieron.
Entre los delitos que serán enfrentados por el nuevo cuerpo continental figuran los tráficos ilícitos de estupefacientes, de personas, la trata de personas, el robo y hurto de vehículos, la falsificación y el lavado de dinero.
También, los tráficos de materias radioactivas y nucleares, de armas, municiones y explosivos, los delitos informáticos, el terrorismo y las nuevas amenazas asociadas a aspectos económicos, sociales, de salud y ambientales, entre otros.

13/11/07

Futurología cubana

Por Leonardo Padura Fuentes
NOVIEMBRE 2007 (IPS) - Pienso que el año que iniciamos este noviembre y que, en muchos sentidos, concluirá con las elecciones presidenciales norteamericanas de noviembre de 2008, puede ser, por diversas razones, un año decisivo para el futuro de Cuba, escribe Leonardo Padura Fuentes, novelista y periodista cubano.
El endurecimiento de la política de Bush hacia Cuba llega en un momento en que dentro de la isla se está discutiendo lo que, en puridad, se puede calificar de una posible transición: la búsqueda de cambios estructurales y conceptuales que ha reclamado el propio Raúl Castro, en una exhortación que ha impulsado a la silenciada opinión de los ciudadanos a rechazar políticas obsoletas y proponer opciones de cambio que incidan, cuanto antes, en lo que más les afecta: la vida cotidiana.
Aunque el gobierno insiste en que la opción socialista cubana es eterna y por tanto irreversible, una parte considerable de la población pide sacudidas profundas incluso en los sectores más publicitados por el gobierno, como la salud pública y la educación, minados de problemas que van desde la falta de personal o su calificación hasta manifestaciones de corrupción-, políticas económicas más flexibles, calificadas por algunos de más realistas, e incluso proponen modificaciones en el sistema de toma de decisiones. En dos palabras: una transición del sistema actual hacia un estadio de mayor eficiencia económica y menos tensión social.
Los cambios, con los que los cubanos confían que mejoren sus condiciones de vida salarios realistas, mayor acceso a la vivienda, revitalización de los patrones económicos, libertad para viajar- indican a las claras una inconformidad con diversas estructuras congeladas por la ortodoxia, la burocratización y el voluntarismo.(FIN/2007)

6/11/07

Artimañas comerciales



Según la compañía norteamericana General Cigar: «Durante su segundo viaje al Nuevo Mundo, en 1496, Cristóbal Colón visitó el oeste de La Española, hoy conocida como República Dominicana. Para su sorpresa, descubrió que los indios taínos fumaban hojas de tabaco curado, a las que llamaban “cohíba”. Hoy, Cohíba es parte de la historia dominicana».

Algo falta en este fantástico relato, originalmente escrito en inglés en el sitio web de esa empresa: «Y General Cigar le robó la marca a Cuba ¡gracias al bloqueo!».

Pero el doctor Adargelio Garrido, director jurídico de Habanos S.A., se sabe bien la historia, algo distinta de la que refieren estos tramposos, y sobre ella conversa con JR.

«Cohíba fue una de las primeras marcas creadas durante la Revolución, pues surge en 1966. La idea de denominar así el tabaco que venía fumando Fidel hacía unos años, y que aún no tenía nombre, fue de Celia Sánchez. Lo merecía, pues ya iba siendo conocido en Cuba y en el mundo. Celia fue a la historia, y vio que esa fue la primera palabra que escucharon en Cuba los españoles, tras la llegada de Colón: “cohíba, cohoba”. Por eso denominó el producto de esta forma.

«Ya una vez con el nombre, se crea su diseño. Se comienza a proteger en los años 60, y en los 70 se inicia su comercialización. Su demanda era tal que se decide llevarlo al mercado interno cubano, a los entonces diplomercados. El segundo diseño, con la efigie del indio, se lanza en 1975, durante el Primer Congreso del PCC. En 1979 se incrementan las ventas durante la Cumbre de los No Alineados».

—¿Cómo fue el proceso de «robo legal» de la marca?

—Sucedió que, en una de las delegaciones norteamericanas que vinieron en tiempos del presidente Carter, llegó una persona, familiar de alguien que trabajaba para General Cigar (GC), y le comentó a su regreso sobre un famoso tabaco que Fidel fumaba y regalaba. Al hombre se le ocurre proponerles a los dueños de GC registrar el nombre Cohíba.

«La compañía solicitó el registro, pero se demoró su concesión. Cuando Cubatabaco se enteró, en los 80, se empezó a investigar, pues ya había una declaración de uso, inscrita junto con la solicitud de registro de la marca. Cabe señalar que en el sistema de protección de marcas de EE.UU. prima el uso sobre el registro. Es decir, el primero que demuestre haber colocado el producto en el mercado, es el que tiene el derecho.

«En virtud de esa información, no se inició ninguna acción legal, pero después se investigó, ya en los 90, y se determinó que realmente GC no tenía un uso real y estable en los mercados, que es lo exigido por la ley. Se buscaron pruebas para presentar la demanda, lo que se hizo en enero de 1997: se solicitó el registro de la palabra Cohíba, porque el diseño sí lo teníamos ya registrado, y la cancelación del registro a nombre de General Cigar.

«Esta, teniendo en cuenta que uno de nuestros principales argumentos era que no existía un uso real y estable, y por ello no era válido el registro, anunció un “relanzamiento” —que no era más que un lanzamiento de la marca— en septiembre de 1997, en Miami y Nueva York. Ante este hecho, tuvimos que iniciar una acción en la Corte del Distrito Sur de Nueva York, para contrarrestar ese uso.

«Vino el pleito en los tribunales, y el fallo fue positivo para nosotros en primera instancia, al reconocer la notoriedad de Cohíba en EE.UU., aun cuando nunca había sido comercializada. Pero GC recurrió a la Corte de Apelaciones, y tanto allí como en la Corte Suprema se emitió un fallo negativo para Cubatabaco, debido a decisiones puramente administrativas y políticas. En esencia, que no se podía reconocer la notoriedad de la marca Cohíba, porque iba contra las restricciones del bloqueo. Ahí ya se politizó el caso».

—¿Ha habido otras acciones contra ese latrocinio?

—Cuba no se ha quedado de brazos cruzados. Seguiremos batallando hasta que no nos queden más mecanismos. El proceso no está cerrado. No hablo solo del judicial, sino del iniciado ante el tribunal de la Oficina de Marcas y Patentes de EE.UU., que congeló el proceso de cancelación del registro de GC.

«Solo te puedo decir, desde el punto de vista legal, que si al momento de levantarse el bloqueo la marca Cohíba no ha retornado aún a manos de su legítima propietaria —Cubatabaco—, no se podrá vender Cohíba en EE.UU., siendo la marca de puros más famosa del mundo. Si mañana se acaba el bloqueo, y aún GC la retiene, no podremos vender allí. Tan sencillo como eso».

—¿Solo ha ocurrido esta ilegalidad con Cohíba?

—Hay un litigio que está comenzando, a nivel de oficinas de marcas, por Guantanamera, una marca lanzada al mercado en 2002. Una empresa de EE.UU. radicada en Miami solicitó su registro, y tuvimos que iniciar una acción en contra.

«Es otra muestra más. Son muchas las marcas cubanas registradas en EE.UU. por terceros. El problema es que, aunque las disposiciones del bloqueo —si bien con limitaciones— te permiten registrar y renovar marcas, el hecho de no estar presente en el mercado es un escollo más, porque tienes que estar ahí para defenderte. Si no, hay que pagar abogados para que investiguen e inicien acciones. Nada mejor que estar uno en el mercado para defender sus derechos, pero por razones obvias no podemos».

26/10/07

El misterio de la guayabera



Por: Ciro Bianchi Ross
Esta semana me fui a Sancti Spíritus. A trabajar, que es para lo único que me invitan. Sucede que la Dirección Provincial de Cultura de ese territorio comenzó a organizar a partir de este mes Los días de la guayabera, proyecto de reanimación cultural que pretende revitalizar esa prenda típica como nexo indiscutible de la ciudad con el resto de Cuba y el Caribe. Quieren sus organizadores que esas jornadas desemboquen en la Fiesta de la Guayabera, celebración que identificará a la provincia, potenciará nuevas formas de expresión para sus artistas, escritores y procurará la sistematicidad de su vida cultural al proponer acciones también en áreas y grupos desfavorecidos socialmente. Excelente idea que debe contar con el concurso de instituciones y personalidades, tanto locales como de la nación.
La leyenda

¿Y por qué ese interés de los espirituanos en la guayabera? ¿Nació la guayabera en Sancti Spíritus? En verdad, no hay documentación que avale su nacimiento en tierras del Yayabo. Pero justo es decir enseguida que no existe tampoco documentación en sentido contrario y que ninguna otra región cubana ha discutido a Sancti Spíritus la paternidad de la prenda. La primitiva guayabera se extendió por las provincias vecinas, y fue trochana en Ciego de Ávila y camagüeyana en Camagüey, sin perder el cuño que le imprimieron los espirituanos.

Se dice que en 1709 arribó a la villa del Yayabo un matrimonio conformado por los andaluces José Pérez Rodríguez y Encarnación Núñez García. José era alfarero y a los tres meses de su llegada había construido ya una nave de madera para su taller. Se dice asimismo que un buen día el matrimonio recibió una pieza de tela de lino o hilo que mandaron a buscar o les remitieron sus familiares desde España, y que José pidió a Encarnación que con esta le confeccionase camisas sueltas, de mangas largas, para usar por fuera del pantalón y con bolsillos grandes a fin de llevar en ellos la fuma y otros efectos personales. La mujer acometió el encargo y a los pocos meses aquellas camisas se popularizaron en la comarca.

Este suceso tiene varios detractores. Aseguran que en dicha fecha las disposiciones de la Real Compañía de Comercio que regían entre la metrópoli y la colonia, prohibían tales envíos y que, por otra parte, tampoco había comunicación entre España y Sancti Spíritus. Esa prohibición resulta a la larga poco significativa, a mi juicio, pues los andaluces pudieron haber obtenido su paquete de tela por la vía del contrabando o comercio de rescate, tan en boga entonces.

Es inconcebible que un hecho meramente doméstico como la confección de una o varias camisas quedara registrado en la historia, y con tanto lujo de detalles: fecha, nombre de los protagonistas, diseño de la ropa... como para que los historiadores del futuro pudieran proclamar, sin sombra de duda, que ahí nació la guayabera. La historia de José y Encarnación es tan perfecta que no deja más alternativa que la de dudar de su veracidad. Pero marca el inicio de la leyenda de la guayabera o fija la entrada de la guayabera en la leyenda.

Nuestros guajiros del siglo XIX no la usaron. La literatura de la época los describe cubiertos con camisas azules o «de listado», que usaban generalmente por fuera del pantalón. Constantes de su ajuar cotidiano eran el sombrero de yarey, el machete al cinto, los zapatos de vaqueta y un pañuelito atado al cuello para enjugar el sudor, mientras que reservaban el mejor atuendo para las salidas al pueblo y a la valla de gallos. Esteban Pichardo no recoge la palabra guayabera en su Diccionario provincial casi razonado de voces cubanas, que alcanzó, en vida del autor, su cuarta edición en 1875, y hasta donde sé tampoco lo hace Manuel Martínez Moles en su vocabulario del espirituano. Aparecerá, sí, en Leonela, novela de Nicolás Heredia publicada en 1893, pero que cuenta una historia anterior al estallido, en 1868, de la Guerra de los Diez Años. En esta, don Cosme, un hacendado ganadero y maderero, llega a su casa de la ciudad procedente de la finca, donde pasa la mayor parte del tiempo, y se quita la guayabera, dice el narrador, como si se quitara el pellejo, para someterse por unos días a la vida ciudadana. Desconozco si hay en la literatura menciones a la guayabera anteriores a esta de Heredia, pero es la más antigua que logré localizar, y que nos dice que no era en ese tiempo camisa de ciudad, pero tampoco de campesino pobre.

A la guerra

Para este, lo usual en ese entonces era la chamarreta, que era asimismo una prenda con faldillas y mangas estrechas. Y es la chamarreta y no la guayabera la que se fue a la manigua. En la Guerra Grande, el Ejército Libertador careció de uniforme. El mambí se vestía como podía, con las ropas de la ciudad o del campo a su alcance. A Honorato del Castillo lo representan en combate con la camisa hecha jirones, y se habla de Serafín Sánchez y Carlos Roloff con la camisa dentro del pantalón. Ya en el 95, Martí alude a la chamarreta en su Diario. Charito Bolaños cosió para los libertadores durante toda la Guerra de Independencia. Los generales Alberto Nodarse, Mayía Rodríguez y García Menocal se vestían con lo que salía de sus manos. Jamás remitió una guayabera a la manigua, solo chamarretas. María Elena Molinet, hija de un general de la Independencia , investigó este asunto desde dentro, pues fue la directora de vestuario de películas como Baraguá y La primera carga al machete, y acopió más de 120 fotos de mambises en la manigua. Ninguno viste de guayabera. Manuel Serafín Pichardo escribió a comienzos de la República el soneto Soy cubano, que gozó de una popularidad enorme y que todavía en los años 50 se incluía en los libros de Lectura de nuestra enseñanza primaria. Dice en su estrofa inicial: Visto calzón de dril y chamarreta / que con el cinto del machete entallo. / En la guerra volaba mi caballo / al sentir mi zapato de vaqueta.

A partir de la camisa

Desciende de la camisa, la prenda de vestir más antigua que se conoce. Un tubo más o menos ancho con cuatro aberturas: una, para la cabeza; otra, para la parte baja del torso, y dos para los brazos. La camisa evolucionó desde la Edad Media. Se confeccionó de algodón, de hilo y de seda. Fue más ancha o más estrecha. Con adornos. Sin adornos. Una prenda interior. Unisex. Con los años perdió los puños y el escote y se hizo prenda exterior, protegida o no por levitas, sacos y chaquetas. En Cuba, los más humildes usaron la camisa hecha de algodón basto.

«¿Cuándo esa camisa se transformó en guayabera? ¿Cuándo y quién empezó a coser pliegues en las camisas hasta convertirlos en alforzas, reforzó el borde y las aberturas inferiores, hizo los primeros picos al canesú del frente y al de la espalda? El nacimiento de la guayabera no es obra de una sola persona y todavía falta por determinar a partir de qué momento se convirtió en prenda elegante, fresca, blanca, muy bien almidonada y planchada, que se podía llevar sin corbata», escribía, en la revista Sol y Son, María Elena Molinet.

Resulta muy difícil enmarcar el surgimiento y evolución de la ropa popular tradicional. Tanto, que en 1948, Herminia del Portal de Novás Calvo, al consumir su turno en un ciclo de conferencias sobre el uso y el abuso de la guayabera, convocado por la sociedad Lyceum, del Vedado, aseguró que buena parte de la historia de esa prenda había transcurrido ante sus ojos y los de los otros disertantes y que ninguno tenía memoria ni podía dar fe de ella.

El testimonio gráfico más remoto que de la guayabera llega a nosotros data de 1906. Pero la palabra guayabera, como cubanismo, no se legitima hasta 1921, cuando Constantino Suárez la incluye en su Vocabulario cubano. El autor, a quien apodaban El Españolito, la describe como una «especie de camisa de hombre, con bolsillos en la pechera y en los costados, muy adornada con pliegues y lorzas de la misma tela, que se usa sin chaqueta y con las faldas por fuera, por encima del pantalón, al exterior». Añade Constantino Suárez: «Es una prenda de vestir, muy generalizada y típica, del campesino cubano».

Prenda nacional

Ya para esa fecha la guayabera no era la misma que lucía don Cosme en Leonela. De la chamarreta y la camisa campesina surge, en la década del 1920, la guayabera clásica, que terminaría imponiéndose, después de 1940, como prenda nacional. Habrá que precisar cuánto debe esa guayabera a sastres, camiseros y costureras de Sancti Spíritus y Zaza del Medio.

La guayabera, en su nueva versión, ganó pronto las ciudades del interior, pero no le fue fácil conquistar La Habana. Referencias a ella en la capital aparecen a cuentagotas, y no siempre son de fácil comprobación. Se dice que fue el mayor general José Miguel Gómez, espirituano por añadidura, quien la trajo. Otros aseguran que, más que traerla, lo que hizo fue enseñar a otros políticos a usarla, en sus giras por el interior. El presidente Zayas, cuando los Veteranos y Patriotas se alzaron en Cienfuegos, en 1924, se despojó del saco y la corbata, se cubrió con una fresca guayabera y salió a discutir con los amotinados. Le bastó una libreta de cheques para convencerlos de que depusieran su beligerancia. En 1926, Jorge Mañach publica sus Estampas de San Cristóbal; en una de sus páginas tres campesinos se estiran las mangas de sus estrujadas guayaberas antes de fotografiarse.

Machado, en guayabera y con un fusil en la mano, se aprestó a la defensa del Palacio Presidencial cuando supo de la insubordinación del batallón número 1 de Artillería, el 11 de agosto de 1933. En esa época, se dice, la guayabera fue el uniforme de la Policía Judicial y de la Porra. No hemos podido comprobar esa afirmación. De todas formas, su uso era tan limitado que puede casi calificarse de nulo. No se ve a nadie vistiéndola en el cine ni en las fotos de prensa de la época y Abela no vistió al Bobo de guayabera, sino de traje.

Escribe el poeta Nicolás Guillén: «Después de la caída de Machado las costumbres cubanas experimentaron cierta modificación, al menos en sus signos exteriores. A los generales de la Guerra de Independencia, muchos con barbas, todos con bigotes, sucedió una generación lampiña y expeditiva que se corrompió rápidamente [...] y que hizo tabla rasa de muchos hábitos populares heredados del siglo XIX. Los sargentos ascendieron a coroneles, los soldados se paseaban por las calles vestidos de oficiales, el pueblo colgó el saco, tiró el sombrero, desanudó la corbata, se alivió, en fin, de aquella vestimenta traída de un clima que no es nuestro, y la cual era considerada hasta entonces sine qua non».

Todavía en 1941 se exigía el saco o la chaqueta para acceder a la platea de un cine de barrio; no así a la llamada tertulia. Una noche de ese año un juez de apellido Alfonso, que era amigo o conocido de mi padre y a quien yo también conocí de niño, sacó su entrada para la platea del cine San Francisco, en Lawton. El portero le impidió la entrada porque el juez vestía una elegante guayabera de manga larga. Alfonso reclamó su derecho porque esa camisa, enfatizó, era la prenda nacional. De momento, perdió la batalla, pero ganó la guerra y a partir de ahí pudo entrarse a los cines también en guayabera. Con eso de prenda nacional tocamos un extremo que nadie ha esclarecido con la fundamentación necesaria. ¿En qué momento recibe la guayabera dicho título? ¿Quién se lo otorga? Eso lo sabremos en la próxima entrega.

24/10/07

Pronóstico imposible

Fernando García, corresponsal de LaVanguardia.es en La Habana, publicó hace unos instantes el siguiente artículo, con el cual ese órgano de prensa inicia una serie sobre este tema de las probables transformaciones en Cuba. Como de costumbre, siempre al día con notas frescas.

El texto que sigue abre una serie de artículos con el propósito de informar con detalle de lo que se va cociendo en la realidad y la política cubanas en momentos tan cruciales para el país. El término "transición" no se refiere a una hipotética renuncia al sistema actual por parte del gobierno, hipótesis de la que aquí apenas se habla por ahora, sino al proceso de cambios sin retorno o de difícil vuelta atrás que la isla afronta y en parte ha emprendido ya. De eso sí que habla todo el país.

La situación en Cuba está pidiendo una revolución de la revolución; en esto parece haber amplio consenso en la mayor de las Antillas. El sistema presenta averías, fugas y atascos que necesitan urgente reparación. El relevo en el timón, ahora provisional, tiene que definirse pronto. Pero ¿cuál es el es rumbo de las reformas? Nadie lo sabe aún.
Los factores son tan complejos que ni siquiera los que proyectan los cambios pueden poner la mano en el fuego del futuro cubano, aunque las reformas que barajan respetan en todo caso lo esencial del sistema. Los modelos de China y Vietnam son espejos que siempre salen a relucir cuando se habla de Cuba. Pero en este país cualquier pronóstico y toda extrapolación de experiencias ajenas es pura astrología política: la realidad cubana es demasiado singular. Aquí nos conformaremos con los hechos, las informaciones que vayamos recibiendo y las impresiones que nos formemos con lo uno y lo otro.
El 26 de julio de 2006, día en que Fidel Castro cayó enfermo, un proceso de cambio irreversible se abrió en Cuba. Ahora lo sabemos. Para empezar, es improbable que el comandante en jefe retome el mando directo del país. Si por milagro volviera a enfundarse el uniforme verde oliva, solamente lo haría para tratar de orquestar su propia sucesión. Esta circunstancia representa por si sola el fin de un ciclo. Aunque la cesión de poderes a Raúl sigue rigiéndose por la proclama de sustitución "provisional" que Fidel firmó el 31 de julio de 2006, a estas alturas es ya muy claro que Raúl Castro ha consolidado su función como máximo responsable en el día a día el gobierno; que es él quien marca las directrices de la política interna y de las imprescindibles reformas económicas; el que firma acuerdos con Chávez o cualquier otro líder. Fidel sigue en la estratosfera de los graves asuntos mundiales, por mucho que el equipo de gobierno le consulte y respete sus indicaciones sobre temas domésticos. Por otra parte, los dos hermanos están ya mayores (81 y 76 años) y ambos se han comprometido a pasar pronto el relevo a una nueva generación. Atención sobre todo a Carlos Lage, vicepresidente y máximo responsable económico. Pero vamos por orden.
Raúl acaba de abrir un debate nacional en torno a su discurso del pasado 26 de julio que ha levantado ciertas expectativas. Su invitación a expresar "con sinceridad y valentía" todo tipo de problemas, y no sólo los sujetos a los "cambios estructurales y de conceptos" que él anunció el 26-J, se lleva al pie de la letra en muchos centros de trabajo, barrios, células del PC y organizaciones afines y núcleos intelectuales.
Hay tela para cortar. La pesadilla del transporte, los bajísimos salarios, los problemas de calidad de productos y servicios, el deterioro de la sanidad tras la partida en misión internacional de un tercio de los médicos cubanos, las carencias en el abastecimiento de alimentos, el problemón de la doble moneda y la carestía de cada vez más artículos básicos, la discriminación de los nacionales a la hora de alojarse en un hotel o dar de alta un móvil, la restrictiva política migratoria, el mal estado de las infraestructuras, las deficiencias en la vivienda… Material no falta en las discusiones públicas. Y los jefes del partido y del gobierno no pueden hacerse los suecos sobre sus responsabilidades. Como lo decía un ama de casa de mi barrio, "¡Mira, chico, tú ya no puedes culpar de todo al bloqueo!".
En los debates más populares, la gente "entra en candela" y son muchos los que se desfogan sin cortapisas: no hemos podido verlo porque las autoridades no nos han dejado bajo el argumento de que se trata de un proceso interno, pero vecinos y trabajadores de distintos barrios y centros laborales nos lo han contado. Con todo, no son pocos los que se muestran escépticos, sobre todo fuera de La Habana. "Aquí no es como en la capital. Muchos se callan", me comentó un joven de Candelaria, en la provincia de Pinar del Río.
Las discusiones entre los intelectuales de los "centros de estudios" o instituciones científicas apuntan a temas de fondo: ¿No habría que replantearse las formas de propiedad socialista, teniendo en cuenta que todo es aquí "estatal" cuando podría ser "social" pero privado? ¿A qué espera el Gobierno para descentralizar las decisiones y simplificar los procedimientos de gestión? ¿No es hora ya de contar más con el capital y las inversiones extranjeras¿ ¿Es justo y acertado seguir limitando el ejercicio de algunos oficios o la creación de pequeños negocios "cuentapropistas" o autónomos?
Raúl Castro ha emprendido ya algunas medidas interesantes y abierto el camino para ciertos cambios económicos y sociales. Desde un discurso pragmático y para algunos esperanzador, el hermano menor de Fidel ha suavizado las restricciones para traer a Cuba unos cuantos artículos, como ordenadores, DVD o recambios de automóvil; ha facilitado los viajes de los familiares directos de extranjeros; ha ordenado el pago de deudas a los agricultores y dispuesto cambios para mejorar la distribución de alimentos. La ministra de Inversiones Extranjeras, Marta Lomas, ha confirmado la disposición del ejecutivo a reabrir las puertas a proyectos y capital extranjeros. Distintas fuentes aseguran que el Gobierno prepara una reestructuración total en la política agraria y ganadera que se espera para después de las elecciones a la Asamblea Nacional, el parlamento cubano, allá por febrero o marzo del año que viene.
El proceso electoral ya se abrió con las municipales del 21 de octubre, pero serán los parlamentarios electos en 2008 los que determinen la composición del consejo de Estado y el consejo de ministros, hasta ahora presididos por Fidel Castro. Así, las próximas elecciones abren la vía a una amplia remodelación en el gobierno. Habrá que ver qué papel y cargo se reserva para Fidel y Raúl; a qué puesto preeminente asciende ese hombre fuerte del ejecutivo que es Carlos Lage; en qué lugar queda el ministro de Exteriores, Felipe Pérez Roque, al que suele situarse en la línea más estrictamente fidelista y cuyo papel en el gobierno y el partido es también muy relevante. Pérez Roque está mostrándose como un canciller duro de roer, en la más pura tradición de la rocosa diplomacia de la Cuba revolucionaria.
Algunos factores externos tendrán enorme importancia en la transición cubana, empezando, claro, por la actitud de Washington. Las presidenciales de EE.UU. serán decisivas. Los cambios políticos hacia Cuba son en principio más probables si gana un o una demócrata… Aunque parece difícil que no haya alguna mínima variación venga quien venga a sustituir a Bush, cuyo trato a Cuba merece fuerte críticas desde todos los bandos incluido el suyo. Cualquier medida de alivio del embargo, de las restricciones en los viajes o de los límites al envío de remesas familiares puede ser más importante que ninguna voluntariosa decisión política en La Habana. Es cuestión de números: en turismo, en comercio o en transacciones financieras. El levantamiento de cualquiera de esas compuertas hará salir a chorro millones de dólares en dirección a la isla.
Y están el exilio, la oposición y los emigrados. Entre 1,5 y dos millones de cubanos viven fuera. De ellos, alrededor de 1,3 millones residen en Estados Unidos. La colonia de Miami es cada día más heterogénea social, económica e ideológicamente. Sólo una exigua minoría defiende el embargo contra la isla en su integridad, según recientes encuestas, aunque se trata de una minoría influyente y adinerada. Pero las generaciones van pasando y lógicamente las posturas revanchistas van quedando atrás. Ahora se habla menos de recuperar tierras o casas y más de reconciliación.
La disidencia de uno y otro lado sigue muy atomizada pese a determinados ensayos de reagrupación y unidad. Habrá que prestar atención a unos cuantos grupos y dirigentes de la oposición. Pero también conviene leer y escuchar a algunos de los periodistas, escritores y analistas que, cada vez en mayor cantidad, ofrecen información y crítica a través de la blogosfera de Internet. Un mundo en el que todo cabe y hay de todo. Entre unos y otros inconformes destacan por su valía y escasez los que tratan de superar sectarismos y prejuicios: los dos grandes pecados que contaminan discursos y opiniones sobre Cuba. El procastrismo y el anticastrismo a muerte empiezan a quedar desfasados.