29/8/07

La guerra de las ideologías (parte I)

Bajo el título NI QUINQUENIO GRIS NI DECENIO NEGRO, SINO INTERMINABLE LUCHA DE IDEAS Y DIVERSIDAD EN LA CUBA REVOLUCIONARIA, les dejo una aproximación histórica al origen de debate ideológico actual. Mañana la segunda y última parte.

Por Domingo Amuchastegui

Los albores del 2007 en Cuba estuvieron caracterizados por intensos debates en el terreno de las ideas, tanto en los planos económico como en el de la creación artística. Y los debates continúan, lo que es muy saludable. Especial resonancia, y cobertura informativa, tuvo el debate entre creadores artísticos y literarios que se desató después de tres programas en la TV cubana con figuras de triste y conflictiva recordación y que en un pasado ya bien distante ostentaran importantes cargos relacionados con la creación y difusión cultural. Similar o tal vez mayor importancia tienen los debates e ideas que se manejan en el terreno de la experiencia cubana en la economía y de los cambios y reformas que semejante experiencia reclama.
Entre algunos de los involucrados en el debate acerca de las políticas culturales se repitieron los términos de “quinquenio gris” para calificar algunos años de los 70; otros alargaron el período hasta diez años y subieron el tono de gris a negro, caracterizándolos como “decenio negro,” pero en ambos casos coincidiendo en lo esencial: la presencia de políticas y acciones en el terreno de la creación artística y la difusión cultural que se distinguieron por prohibiciones absurdas y retardatarias, abusos, intimidaciones, aislamientos o “bloqueos burocráticos” (no publicación, no difusión, no salir a intercambios en el exterior) que dejaron heridas y resentimientos plenamente justificados entre los afectados.
Mis recuerdos, percepciones y propuestas de interpretación de aquellos tiempos son de otra índole, desde otras perspectivas y con otras connotaciones. No pretenden disminuir en grado alguno lo que se haya dicho o se pueda argumentar en un futuro sobre el tema en cuestión. Intentan ser, simplemente, un testimonio más, a manera de referencia de alguna utilidad, para las nuevas generaciones, en su crítica y mejor comprensión del pasado.
Primero que todo, quisiera aclarar que si bien se han aventurado algunas hipótesis y enfoques acerca de una especie de stalinismo tropicalizado, de un poder político esencialmente represor de toda manifestación cultural no santificada por el oficialismo y similares, no creo que sea éste el caso cubano. Nadie que conozca al stalinismo realmente puede con seriedad o rigor compararlo con las experiencias cubanas que estamos discutiendo; es como comparar un viento de cuaresma con un huracán categoría cinco. Y con esto no trato de justificar, disculpar ni minimizar lo ocurrido, sino simplemente contextualizarlo debidamente y en su justa medida.
No olvidemos cosas elementales, mi querido Watson... A todo poder organizado, le es característico la tentación de reglamentar y prohibir y, consiguientemente, de intimidar, abusar e incluso reprimir. Tal vez un ejemplo extremo sirva para ilustrar mi punto: Hace apenas unos dias leía a Leonard Pitts, uno de los columnistas más prestigiosos de EEUU, recordándonos cuanta intimidación, cuantas prohibiciones, silenciamientos y manipulaciones se habían originado en la administración Bush contra científicos y los resultados de sus trabajos, en torno al calentamiento global y otros temas. Y si queremos refrescar un poco más la memoria reciente recordemos Good Night and Good Luck, de George Clooney, el Fahrenheit/911, de Michael Moore o los excelentes ensayos de Ignacio Ramonet como La Tiranía de la Comunicación o Propagandas Silenciosas o las más tempranas contribuciones de Armand Mattelart...Retomando el refranero como fuente de conocimiento, me gusta recordar aquello de que en todas partes cuecen habas.
La otra dimensión que, notablemente, separa al caso cubano del horror stalinista en los planos de la creación artística –y en otros muchos que no vamos a discutir ahora- es el comportamiento del poder. El poder stalinista –luego de consolidado- se conducía como un bloque monolítico, constante y aplastante, mientras en el caso cubano lo que observamos es un comportamiento por parte del poder nada lineal, contradictorio, con diversas posiciones y actuaciones –tanto públicas como privadas- y con frecuentes desenlaces que nada tienen que ver con la brutalidad cavernaria del stalinismo.

Volviendo atrás
En estos meses he leído y releído anécdotas y episodios que ya tenía casi perdidos en la memoria asociados a los Pavón, Papito Serguera, Quesada y comparsa. Estas eran personas que poseían no sólo una indigencia intelectual mayúscula, sino que, sin clasificar siquiera como Torquemadas de menor cuantía, buscaban congraciarse con el poder y procurar su beneplácito y favores, mediante sus acciones, posando como puritanos veladores frente a la influencia de las manifestaciones extremas de la mal llamada cultura decadente del capitalismo y dispuestos a quemar a cuanta bruja se le antojara con tal de intentar acumular méritos con tales atropellos.
Lamentablemente para ellos, NUNCA tuvieron una política oficial, única, absoluta, específica y detallada que prohibiera a los Beatles, la pintura abstracta o erótica, el cine norteamericano, Los Siete Contra Tebas, Fuera de Juego o Los Condenados de Condado u otros de los contados extremos a que se llegó en algunos momentos...Por suerte, no contaron con un instrumento tal, aunque sí hubo, en determinadas coyunturas y períodos, fuertes corrientes a favor de que hubiera una tal política. Fueron aberraciones coyunturales o temporales que coexistieron con expresiones libérrimas de expresiones artísticas y literarias. Cuando recreamos el rosario quemante y vergonzoso de los episodios de los Quesada, Serguera o Pavón, paralelos a ellos, una y otra vez, brillan otras luces que no pueden olvidarse ni ser silenciadas (la Alfabetización, la escolarización masiva y sin límites, florecimiento de todas las artes, un cine extraordinario, de otros países y cubano, Conclusiones de un debate entre cineastas, Salón de Mayo en La Rampa, Canción Protesta, Congreso Cultural de La Habana, El Caimán Barbudo, novedoso periodismo como Siquitrilla y Fantomas, obras como Paradiso, Pensamiento Crítico, Grupo de Experimentación Sonora, debate en torno El Caso Morgan y todo lo demás). Y esto no hace sino probar, una vez más, que nunca hubo un bloque doctrinario absoluto y aplastante del tipo Stalin-Zhdanov y sí una dialéctica de conflicto en todas las instancias, niveles y figuras, y no sólo de la creación artística, sino también de la dirigencia política revolucionaria.
El recorrido de esta experiencia no es privativo de un quinquenio o década; estuvo presente hasta los 90 y pudiera manifestarse de nuevo, pero, sin duda, para salir mal parada. Los hechos recientes así lo demuestran.
Establecida esta premisa, al menos desde mi perspectiva y sin otra pretensión que refrescar la memoria histórica, pasemos, como buen cuentero, que no es lo mismo que cuentista, a examinar los procesos que están a debate.
La discusión del pasado algunos la remontan a Habana PM, pero yo no. Este documental no es el primer episodio ni remotamente y no sólo esto. Habana PM –en mi opinión se trató de un documental de poca monta acerca de una Habana que ya dejaba de ser eso que se describía y carente de valores u originalidad-, recibió la crítica oficial, cierto, pero muchísimo más que eso, recibió el rechazo y la condena de la abrumadora mayoría de la gente que lo vio y ahí quedó, sin penas, glorias, ni secuelas.
Desde mi perspectiva, el primer episodio está representado por el semanario Lunes de Revolución. No obstante sus enormes cualidades y sus muy heterogéneos componentes, Lunes –con el respaldo oficioso que tenía y que buscaba ampliar tratando de sentar cátedra- en la pluma de algunos de sus escritores más brillantes arremetieron con ánimos iconoclastas contra los fundadores y escritores del grupo Orígenes. ¿Estaban acaso Fidel Castro o Raúl Castro instigando a estos escritores en contra de Orígenes? Nada más distante de la realidad.¿ O acaso eran Carlos Franqui y dichos escritores, quienes en un arranque típico de sarampión destructivo, buscaban una especie de magistratura cultural en tiempos de revolución, tratando de anular a un grupo cuyas credenciales literarias, honestidad y humanidad –más sus convicciones cristianas- estaban muy por encima de las de ellos? Mi testimonio y vivencias tienden a validar muchísimo más esta última hipótesis.
Al mismo tiempo, a manera de segundo episodio, hubo otra ola gris (en términos telúricos deberíamos referirnos a ella como un tremendo tsunami y no simple ola), negra o gris con pespuntes negros, que estaría representada por diferentes figuras provenientes del Partido Socialista Popular, que enfilaron sus cañones contra figuras políticas de la izquierda e intelectuales (algunos de los cuales en el pasado habían sido expulsadas de dicho Partido, habían roto sus alianzas con el mismo por diferentes razones o diferido con el mismo en diversos temas). Raúl Roa, Alfredo Guevara, Vicentina Antuña, Enrique De la Osa, el propio Carlos Franqui y otros, se encontraban entre los atacados. Muchos viejos dirigentes del PSP –no todos, en honor a la verdad y distingo aquí a figuras como Carlos Rafael Rodríguez y José Felipe Carneado- también destilaban una marcada hostilidad contra las principales figuras del grupo Orígenes.
Mucho peor aún sería el intenso sectarismo político promovido por esos dirigentes del antiguo PSP. Los contornos políticos de ese sectarismo, sólo en parte discutidos públicamente por Fidel Castro, alcanzarían –en opinión de muchos dirigentes y cuadros en Cuba en esos momentos- ribetes de virtual intento de toma del poder o golpe de Estado por tales figuras con el aliento y respaldo del embajador soviético de entonces y alto oficial de la KGB, Serguei M. Kudriatzev, siguiendo instrucciones de Moscú. Alexander Alexeev y Oleg Darushenko –expertos soviéticos privilegiados en su participación de los acontecimientos cubanos de aquellos años- fueron testigos y partícipes de estos candentes acontecimientos y de los que poco o nada se habla o escribe. No por casualidad Kudriatzev sería expulsado de Cuba, junto a Anibal Escalante, a cajas destempladas y bajo fuerte escolta militar luego del discurso del 26 de marzo de 1962, en que Fidel Castro denunciara partes de esta trama.
En esos tiempos, figuras del PSP como Blas Roca, Anibal y César Escalante, Leonel Soto, Edith García Buchaca, Gaspar Jorge García Galló, Raúl Valdés Vivó, Mirta y Sergio Aguirre, Sidroc Ramos y otros se empeñaban en el ejercicio inútil de lo que debía o no debía leerse, estudiarse, expresarse. Y no sólo lo hacían con vehemencia nacida de convicciones –lo que puede considerarse hasta legítimo-, sino que muchos de ellos procuraban hacerlo desde sus respectivas e incrementadas cuotas de poder y mediante la intimidación y el abuso. Bajo sus alas protectoras prosperaban jóvenes como los Andrés Vilariño, los Merino, los Aldo Alvarez los Ravelo, los Bell Lara, los Bofill y muchos otros que ya olvido y que se conducían entonces como los hungweipings o guardias rojos de una anticipada –y por suerte malograda- revolución cultural a “la staliniana.”
En semejante contexto, tendría lugar la famosa reunión -con una nutrida representación de la intelectualidad cubana- en la Biblioteca Nacional con Fidel Castro a los efectos de discutir semejantes presiones e intentos bastardos de estos Torquemadas tropicales que tenían por norte normativo el llamado realismo socialista ratificado luego del mal llamado deshielo o crítica al stalinismo de 1956 (XX Congreso del PCUS).
En ese encuentro con los intelectuales -no olvidemos por un minuto el contexto de guerra civil y agresión extranjera que vivía el país-, Fidel Castro alentó amplios horizontes de la creación cultural en semejantes condiciones, pero sin arremeter frontalmente contra los Torquemadas tropicales. Más explícito y condenatorio lo sería en su discurso del 26 de Marzo de 1962 contra Anibal Escalante y en el análisis del caso de Matanzas, donde “el abuelo” Calderío (hermano de Blas) y Suárez (Indamiro Restano) eran culpables de políticas extremistas desastrosas que provocaron más alzamientos de guajiros que los propios fomentados por la CIA asi como las manifestaciones populares de descontento callejero en el ya casi olvidado incidente en Cárdenas, en el verano de 1962.
Las anécdotas de entonces abundan en un sentido y otro. Anécdota poco conocida de aquellos tiempos es aquella donde esos veladores del pensamiento llegaron hasta el punto de condenar una popular canción romántica (los Beatles no habían llegado al patio todavía) con el título de Adiós Felicidad. La cantante que la popularizó se la cantó a Fidel en plena calle y a él le pareció muy buena y afirmó que no tenía nada de reprobable...En el otro extremo del espectro, Blas Roca y otros rompían lanzas en contra del desarrollo de los estudios de Sociología en la Universidad de La Habana por considerar dicha disciplina una seudo ciencia burguesa, postura que simbolizaba la quintaesencia paralizante de las secuelas del stalinismo soviético.
Para aquilatar las enormes tensiones políticas que subyacían en este fenómeno, léanse con sumo cuidado las líneas que dedica el Ché a este fenómeno y su enorme carga negativa en El Hombre y el Socialismo en Cuba. El Ché desde muy temprano arremetió con su enorme capacidad contra el legado desastroso de la cultura manualesca, sovietizante y dogmática originada en Moscú e inoculada por medio de los vectores ya mencionados.[1]
Bajo el sectarismo y sus secuelas, los textos marxistas de factura francesa y la obras del francés Garaudy y del italiano Gramsci se silenciaban y aislaban[2]; la catequización marxista masiva se producía mediante las llamadas EBIR (Escuelas Básicas de Instrucción Revolucionaria), con una carga de dogmatismo y simplificaciones de la peor especie.
Apenas un año más tarde, en 1963, el sectarismo del viejo PSP afloraba nuevamente. Una vez más, Blas Roca y los instigadores detrás de él, se lanzaban contra Alfredo Guevara –con quien tenían viejas cuentas por considerarlo traidor al PSP por apoyar desde el inicio a Fidel y la línea insurreccional contra Batista- con la famosa polémica pública en torno a la exhibición del filme La Dolce Vita. Aunque Fidel llamaría a cesar la polémica dias más tarde, la misma había alcanzado suficiente vuelo para mostrar cuán diferentes posiciones y actitudes había con respecto a los temas de la creación artística y su difusión. No menos importante también había sido la polémica entre un grupo de cineastas con Mirta Aguirre y Edith García Buchaca, culminando con el documento titulado Conclusiones de un debate entre cineastas (1963).
Hacia la segunda mitad de los años 60, esa diversidad iría cobrando mayores polarizaciones, algunas de connotaciones particularmente negativas. Por un lado, en el seno de algunos de los órganos de la Seguridad del Estado (Contra-Inteligencia), ganaba amplitud, poder e influencia una dirección especializada en el área de la cultura bajo una figura de muy triste recordación por sus enfoques y acciones, una de las hermanas de Isidoro Malmierca (y me excusan por no recodar su nombre). Si su hermano había sido una figura clave de Anibal Escalante en el plano político en los años de extremo sectarismo, ella sería por unos cuantos años más, la real y verdadera figura máxima de la Inquisición policíaca contra el mundo de la intelectualidad, la encargada de inventar demonios y truculencias, sospechas y dudas contra numerosas figuras del mundo intelectual cubano que luego difundía y sembraba mediante infames informes entre la dirigencia revolucionaria, buscando ganar adeptos y méritos. Por suerte, dentro y fuera del MININT había muy diversas fuerzas y figuras (que discutiremos más adelante) que se le oponían, neutralizando una y otra vez no pocos de sus ataques y paquetes fabricados contra muy diversas figuras.

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